El día 30 de diciembre el gobierno de Zapatero estaba noqueado. La bomba en la T-4 había hundido todo su proyecto de poder ganar las elecciones. Su negociación con ETA estaba rota y era evidente que la organización terrorista había lanzado un órdago a sus interlocutores del PSOE. Para colmo, Zapatero se iba de vacaciones y huía de dar explicaciones en el Parlamento. Ni estaba ni se le esperaba. Igual que su director general de la policía. Y en sus primeras comparecencias, el ministro del Interior tenía que enmendarle la plana al Presidente.

En los dias siguientes, el PP se ha dejado ganar la partida, a pesar de las magníficas cartas que tenía en la mano. Se dejó enredar por las citas y citillas del gobierno, no le impuso la asistencia al Parlamento y se dejó arrebatar la convocatoria de manifestaciones de protesta (nada más lógico que una convocatoria institucional de la Comunidad de Madrid y el Ayuntamiento, ambos del PP).Y encima, las manifestaciones se vuelven contra él. Y se usarán como excusa para legitimar el nuevo Pacto de partidos, contra el PP, y la coartada de vuelta a la negociación con ETA, que algunos ya situan en el mes de marzo.
Al Partido Popular le falta táctica y resolución diarias, una política de comunicación sin errores tan de bulto y unos canales de comunicación que pueda usar, como hace el PSOE con los suyos.

Está claro que Génova debe cambiar de equipos.

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