Dentro de las tonterias (no cabe decir otra cosa) de la política (por llamarla de algún modo) de este gobierno, está la petición de que se conceda la nacionalidad española, a los descendientes de los moriscos expulsados en el siglo XVI y XVII de la Península Ibérica.

Ampliar la imagen Uno de los impulsores de esta inciativa, que se plantea en el marco de la “Alianza de Civilizaciones” propuesta por Zapatero, es el presidente de la Junta Islámica Española, Mansur Escudero.

“Con esta propuesta -argumentó Escudero– no sólo se trata de conseguir una reparación jurídica, sino también sentimental, como símbolo de justicia histórica y expresión práctica de la Alianza de Civilizaciones que propuso en Naciones Unidas el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero”.

Declaración de Xauen

Para solventar estos y otros problemas similares se han elaborado ya también propuestas en el seno del II Encuentro Internacional de Educación y Cultura sobre Alianza de Civilizaciones, celebrado en Xauen (Marruecos) el pasado noviembre.A juicio de el Encuentro de Alianza de Civilizaciones, “la naturaleza meramente indiciaria de los apellidos del peticionario, unida a la dificultad y la casuística probatoria de una condición personal de raíz histórica como ésta, obligará a la creación de una Oficina Pública para la Acreditación de la Condición Andalusí”.

Y más simpáticos amigos de quienes ya sabemos, viviendo del cuento.

Loa moriscosAmpliar la imagen

El primer decreto de expulsión de los moriscos, nombre dado a los musulmanes españoles después de la caída del reino nazarí de Granada en 1492, fue ordenado por los Reyes Católicos el 14 de febrero de 1502, después de algunos levantamientos en armas.

Hoy en día, los descendientes de esos moriscos viven en diversos países norteafricanos, como Marruecos, Argelia, Túnez, Libia, Mauritania y Mali.

Es como si Perez Reverte reclamara la nacionalidad griega, porque fue Cartagena una colonia comercial de lo que hoy es ese país.

 

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