Orgullosos de descubrir América
Octubre 7, 2007
Ahora, que hay tanto gilipuertas (que diría Reverte) empeñado en la tarea imposible de reescribir la historia, es el momento de reivindicar la verdad sobre el descubrimiento de América, cuya efemérides es la fiesta nacional de España, el doce de octubre. Una fecha de la que los españoles pueden sentirse orgullosos. Acomplejados, oportunistas, separatistas amargados, enemigos extranjeros, ignorantes… todos ellos han querido que reneguemos de una hazaña que, por si sola, nos reivindica como nación y pueblo (Sanchez Albornoz) que deja su huella en la historia del mundo.
En primer lugar, España fue la descubridora, para Europa, de un continente porque su Corte, en especial la
castellana, era la más culta del mundo, en ese momento. Una Corte y una reina que sabían ya que la Tierra era esférica y por ello se podía navegar por el Oeste hacia las Indias. Esa Corte tan denostada, la de los Reyes Católicos, era la vanguardia de su tiempo y fue la primera en poner los cimientos del Estado Moderno, que luego seguirian el resto de los países. Fernando fue el modelo de político que retrata Maquiavelo en “El Príncipe” y se puede considerar el primer estadista con visión mundial tras la Edad Media.
España pudo conquistar territorios tan amplios y controlar a poblaciones tan numerosas porque, para la mayoría de ellas, supuso un cambio liberador. “Apocalypto” una de las peores películas de Mel Gibson, recoge algo de ese clima, que contradice la imagen edulcorada de un paraíso precolombino. Pizarro ó Cortés lograron derrotar a ejércitos mucho más importantes, por el apoyo fundamental de los pueblos oprimidos por incas o aztecas. Indudablemente, toda conquista lleva aparejada violencia y sufrimiento, pero los límites éticos de la Corona española fueron decisivos desde el principio y dirigieron la conquista, como no lo hizo ningún otro imperio de la época. No solo Bartolomé de las Casas, sino la propia Escuela de Salamanca y Francisco de Vitoria (el creador del Derecho Internacional) pusieron esos límites, a los que se sintieron obligados los propios reyes (Carlos I y Felipe II, por ejemplo). La integración de los conquistadores con la población original, la implantación del sistema jurídico de garantías y derechos, la transmisión de sus conocimientos, no tuvo parangón bajo ninguna otra bandera y supuso la integración de todo un continente, en el mundo más desarrollado del momento.
Conocer nuestra historia no es obviar sus partes oscuras, pero tampoco ocultar o negar su grandeza.
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Habrá que preguntar a los indígenas americanos si ellos están orgullosos de que los españoles les “descubrieran” (como si ellos hubieran estado ocultos, no te jode!)